“El año con más recale de sargazo en la zona del Caribe mexicano fue el 2018, con 22 millones de toneladas métricas, es decir, lo que estaba flotando en todo el océano Atlántico, desde África hasta el golfo de México y el Caribe; sin embargo, el registro de la Universidad del Sur de Florida, publicado en mayo, ya indicaba 37.5 millones de toneladas, y en junio seguramente llegamos a los 50 millones de toneladas métricas”, señaló Amaro.
De esta cifra de sargazo flotando en el océano, lo que ha llegado a las playas de Quintana Roo representa aproximadamente el 1%, siendo los destinos turísticos los más afectados, entre estos, las playas de Tulum, Playa del Carmen, Puerto Morelos, Bacalar, Cancún, Cozumel, Isla Mujeres, Mahahual, Chetumal y, en menor medida, destinos del norte de la península.
Para el hidrobiólogo, el sargazo es el mayor problema ambiental al que se enfrenta México, pues representa una afectación económica, social, ambiental, de salud y comercial. Pese a los graves problemas de contaminación que causa, también es importante reconocer que cuando está en el mar, en cantidades menores, es un ecosistema importante.
“Ahí se desarrollan muchas larvas de peces, invertebrados, peces de importancia comercial y otras especies como ballenas, tiburones, que dependen de la sombra del sargazo y de la producción de alimento en las etapas tempranas de su ciclo de vida”, señaló.
En la parte económica —la que más ha movilizado acciones contundentes por parte de gobiernos y sector privado—, el turismo es su principal víctima. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo indica que el sargazo afecta al 11.6 % del Producto Interno Bruto del estado. El sector hotelero ha declarado que les cuesta más de 130 millones de dólares anuales estar limpiando el sargazo de las playas.
Será recurso pesquero para su aprovechamiento
Hasta hace unos días, el problema también estaba en la misma definición. El 9 de junio, el Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (IMIPAS), organismo descentralizado de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, propuso clasificarlo como un producto pesquero e incluirlo dentro de las especies de la Carta Nacional Pesquera, con lo cual ya se podrá aprovechar y comercializar.
Se trata de una resolución que los ingenieros Miguel Ángel Aké Madera y Miriam Estévez González esperaban desde hace más de una década, cuando comenzaron a realizar pruebas científicas para su aprovechamiento. En aquel entonces no estaba claro si la responsabilidad recaía en la Secretaría de Marina, en la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), en la federación o en el gobierno estatal.
“Había muchas trabas para que pudiera recolectar en las playas de Quintana Roo; decían que nos podían sancionar, había mucha incertidumbre. Con todo, fuimos y trajimos a la planta de Michoacán 50 toneladas de sargazo. Estuvimos haciendo pruebas durante seis meses hasta que demostramos que es una biomasa idónea para producir biogás”, señaló Aké Madera.
Luego de casi 12 años de investigación, los científicos del CFATA, en colaboración con académicos de otros institutos, como el de Ingeniería y de Ciencias del Mar y Limnología de Puerto Morelos, todos de la UNAM, han desarrollado varios productos. Entre ellos está el ‘Sargabox’, unas cajas de cartón para embalaje que también son retardantes al fuego y filtros para la remoción de cationes metálicos y contaminantes de herbicidas, nanoplásticos, microplásticos y fármacos no esteroideos, presentes en el agua.
“En el caso del Sargapanel, ya se cuenta con los debidos estudios científicos y con un modelo de utilidad registrado y escalable totalmente competitivo, y hay acercamientos con algunas empresas que son líderes en materiales para la construcción”, comentó Estévez González, quien señaló que el vínculo con las empresas y gobiernos se hace a través de la Coordinación de Vinculación y Transferencia Tecnológica de la UNAM.