“Estos mamuts bajan por las planicies sureñas de Estados Unidos”, comenta Joaquín Arroyo, “y entran al país por la altiplanicie mexicana, donde encuentran caballos, camellos, bisontes, lobos terribles y todo el resto de la megafauna mexicana”. De esta manera, flanqueados por las Sierras Madres, los mamuts siguen avanzando hasta, cual si fuera un embudo, desembocar en el eje neovolcánico. A algunos de ellos les gustó el lago de Texcoco y le dedicaron su último aliento.
No sabemos si estos mamuts encontrados en Santa Lucía hayan convivido con humanos. “No se han estudiado marcas antrópicas”, precisa Joaquín. “Hay algunas evidencias de huesos con modificaciones en el sitio de Tocuila (muy cercano a Santa Lucía), pero no hay nada claro”.
Un linaje único y tropical
“Nuestra hipótesis”, explica Federico, “es que hubo un solo evento de hibridación”, para generar a los mamuts colombinos, donde “la población de hembras estaba estructurada”. Es decir, había un cierto orden en las poblaciones, probablemente generado a partir de las hembras. “En general se ha asumido que los mamuts tuvieron un comportamiento matriarcal, como el que se observa en los grupos de elefantes modernos”, explica con más detalle Joaquín. Esto concuerda con que en muchos yacimientos se encuentran ejemplares jóvenes, tanto machos como hembras, pero la mayoría de las adultas son justamente hembras; mientras que los restos de los machos adultos se les suele encontrar aislados. El evento de hibridación no sucedió entre poblaciones formadas al azar, sino que probablemente sucedió en poblaciones que ya tenían una estructura, donde se venían acompañando desde varias generaciones atrás.
“Pero lo que es realmente fascinante”, dice Federico con una sonrisa, “es que lo que pudimos ver con nuestros datos indica que los mamuts colombinos del norte se parecen más a las poblaciones de mamuts lanudos del norte de América que a los otros colombinos que hay acá en México”. Después de la migración de los mamuts colombinos hacia dentro de América, los lanudos los siguieron de cerca, aunque solo se quedaron en el norte. Al parecer las poblaciones de mamuts colombinos que viajaron hacia la cuenca de México dejaron de tener interacción con los del norte; mientras que los mamuts colombinos del norte volvieron a tener contacto con los lanudos que llegaron al continente, mezclando sus genomas y haciéndolos más parecidos.
Además de esto, la población de mamuts de Santa Lucía evidencia una estructura interna. Los análisis del genoma mitocondrial de los mamuts de Santa Lucía muestra que “había tres linajes”, me explica María Ávila, también colaboradora del estudio y, en ese entonces, coordinadora del LIIGH. “Hay una estructura poblacional muy compleja, nunca antes vista en Norteamérica para los mamuts. No fue simplemente que los mamuts colombinos especiaron y migraron hacia México”. Es decir, este estudio reveló una historia natural de los mamuts colombinos compleja y completamente inexplorada, y que pudo haberse quedado así, si solo nos hubiéramos quedado con los datos genéticos de los especímenes del norte y extrapolado las historias a partir de esos datos. María agradece “la confianza que nos tuvieron los paleontólogos para trabajar con las muestras, fue una interacción muy sana y, en general, siempre fuimos tras de las mismas preguntas”.