Ha pasado una semana desde la muerte a tiros de Renee Nicole Good, residente en Minneapolis, a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE). Desde entonces, la ciudad está sumida en el caos.
Miles de manifestantes, desde jóvenes estudiantes a ancianos residentes, han salido a la calle, erigiendo monumentos en memoria de Good y enfrentándose a los agentes del ICE. Decenas de personas han sido detenidas.
Más de 2,000 agentes del ICE han sido desplegados en Minneapolis, y otros 1,000 están en camino. Los líderes locales han denunciado las continuas tácticas policiacas que rallan en lo agresivo y hostil. «Es como si nuestra comunidad estuviera siendo asediada por nuestro propio gobierno federal», declaró Michael Howard, representante del estado de Minnesota, a The New York Times.
La secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, sigue afirmando que Jonathan Ross, el agente que supuestamente disparó a Good, actuó en defensa propia. En múltiples ocasiones, Noem ha calificado a Good de «terrorista doméstica».
Sin embargo, los videos captados en Minneapolis muestran una realidad diferente, en la que Good parece alejarse del lugar de los hechos cuando Ross dispara varias veces a través de su parabrisas. En un supuesto clip filmado con el smartphone de Ross que fue compartido por varios miembros de la administración Trump, incluido el vicepresidente JD Vance, se oye una voz masculina que dice «puta de mierda» justo después del tiroteo.
El estado de Minnesota, junto con Minneapolis y Saint Paul ya demandaron al gobierno estadounidense en un esfuerzo por detener el aumento de agentes del ICE.
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Artículo originalmente publicado en WIRED. Adaptado por Alondra Flores.
















